abril 10, 2008

Flashback

El trabajo final de nuestro curso de Periodismo Digital consistirá en una presentación multimedia sobre un tema previamente elegido. En el caso de mi grupo de trabajo (cuatro chicas y yo; vaya situación :-S ), el tema escogido fue Ciudadela Pachacútec. Dicha ciudadela es en realidad un conjunto de asentamientos humanos situados en Ventanilla, una localidad de las afueras de Lima, con una historia muy particular. En el grupo habíamos oído hablar del tema en general, pero nada concreto (y buscar información en Internet no sirvió de nada). Decidimos que tres de las chicas fueran a la Ciudadela en un viaje de reconocimiento, mientras que Karina (la cuarta chica) y yo nos adentraríamos en los polvorientos archivos periodísticos de nuestra universidad (en realidad éramos la opción por default :-S ).

Me encontré con Karina (entre paréntesis, de las chicas mas risueñas que conozco), para investigar en la tarde de ayer y la mañana de hoy. Revisamos la colección de Caretas de los años 1997 y 2000, y los diarios El Comercio de los primeros meses del 2000.

Poco a poco, extrajimos algunos datos sobre el problema que originó la población de Ciudadela Pachacútec. En el año 2000, ad portas de la campaña electoral por la presidencia, decenas de miles de migrantes invadieron terrenos privados en Villa el Salvador, generando un problema social de enormes proporciones y dando el ejemplo a otros miles de desposeídos (en lo que el diario La República llamó burlonamente "Invasiones 2000"). En la prensa que no había sido captada por el gobierno (es decir, por Vladimiro Montesinos), circuló la noticia de que las invasiones eran parte de una estrategia electoral montada por el gobierno de Alberto Fujimori. Dicho y hecho: el COFOPRI, a través del programa Profam, comenzó a inscribir a los invasores para su reubicación en Ciudadela Pachacútec, prometiéndoles, según decían los pobladores, "el oro y el moro" a cambio de su voto para el candidato presidente. Algunos se negaron, pero la mayoría fue trasladada a Ciudadela Pachacútec por el gobierno. Los antiguos habitantes de la Ciudadela protestaron, reclamando que el gobierno había dado demasiadas facilidades de vivienda a los invasores, mientras que ellos ni siquiera contaban con servicios básicos. Hubo muchos problemas para lotizar los terrenos, repartirlos, y brindar a los habitantes los servicios más elementales. Al final, como era de esperarse, el gobierno se hizo de la vista gorda, y pasada la campaña electoral, se desentendió del problema.

Mientras revisaba los diarios con Karina, recordé todo lo que había oído sobre el problema en el mismo año 2000, cuando tenía 18 años. En ese momento no me había interesado demasiado, aunque, como muchos jóvenes, yo estuviese en contra del gobierno de Fujimori y de las arbitrariedades que cometía. Sólo revisando los diarios, ocho años después y con un poco más de experiencia, me di cuenta de la magnitud del problema y de la magnitud de la canallada del gobierno. ¿Cómo fue posible que un gobernante, empecinado en mantener un poder que (eso era evidente) en unos meses más no iba a servirle para nada, se empecinase en engañar a un grupo de gente que no tenía nada más con qué vivir que aquellas mentiras? Aunque esas personas hubiesen incurrido anteriormente en un delito (invasión de terrenos privados), no puedo imaginar siquiera, desde la comodidad de mi hogar y mi computadora, las penurias que tuvieron que pasar para comenzar sus vidas desde cero, en medio de un verano intenso y un desierto candente, con la manifiesta hostilidad de los antiguos habitantes del lugar, y sin la ayuda del gobierno en quien habían confiado.

¿Es ese el sacrificio requerido para que un gobierno pueda mantener un orden social mínimo? ¿Mentir y engañar, para paliar un problema y no solucionarlo, mientras se solucionan otros? ¿O era sólo un asunto de incapacidad, de incompetencia del gobierno de Fujimori para manejar el problema? ¿O tal vez era la coyuntura? ¿En realidad fue una elaborada y siniestra operación (o, como se decía en ese tiempo, "maniobra psicosocial") con el fin de garantizar la reelección del candidato presidente? ¿En qué mente cabe semejante truculencia? ¿O es esa maldad quizá inherente a todo estadista?

Todas esas cuestiones, y otras más, se me vinieron a la cabeza mientras veía a Karina revisar lentamente los diarios. Como ella tiene unos años menos que yo, recordaba muy vagamente la época de Fujimori, por lo que no podía compartir muchos de los recuerdos que se me venían a la mente en ese momento. Recordé que la gente sentía temor sólo de decir lo que pensaba del gobierno. Recordé la carnicera campaña de desinformación desatada en los diarios "chicha" contra los opositores del gobierno. Recordé las delirantes declaraciones que hacían las figuras del oficialismo a cada momento (Siura, Salgado, Marcenaro, Larrabure, Chávez, Moyano, Joy Way) para justificar las arbitrariedades del gobierno. Recordé el abominable "Ritmo del Chino"... Sólo puedo decir que sentí un poquito de regreso la indignación de aquellos años, que hizo que muchos jóvenes salieran a la calle y a las plazas sólo para expresarla.

Según sabemos en mi grupo, la gente de Ciudadela Pachacútec tuvo que salir adelante por sí sola, del mismo modo que Villa el Salvador lo hizo hace casi cuarenta años. Hemos decidido investigar este suceso, que seguramente tiene varios ángulos. Espero en lo personal que esa investigación enriquezca mi comprensión de lo sucedido en aquellos años, así como de lo que está sucediendo actualmente con los peruanos.

La regresión a lo que fue el 2000 me dejó un mal sabor de boca. Dicen que en el Perú no existe la sanción social. En tal caso, dadas las condiciones, ¿una situación así podría repetirse?

Ojalá que no.

3 comentarios:

Karina dijo...

jajaja asu!! q tardecitaa buscando la info, si hubieramos empezado por las reelecciones del año 95nos hubieraos ahorrado la revision de caretas del 97 jajaja

Tierra Baldía dijo...

Y ademas de periodicos, revistas y demas publicaciones políticas de izquierda, ¿que otras fuentes han utilizado para su investigación?

Will dijo...

Ehmmm... ¿El Comercio cuenta como izquierda? :-P Salu2, Will